EL CHAPARRO
Trigo, cebada, amapolas,
en aquel inmenso llano
que frente a casa tenía,
se erguía solitario,
majestuoso, imponente
como un gran dios pagano
icono de mi niñez,
aquel enorme chaparro,
tan grande, descomunal,
que un gran rebaño de ovejas
se cobijaba debajo.
En su refrescante sombra
aliviaban el verano
los heroicos segadores
cuando el calor era tanto
que segar era imposible
sin acabar fulminado
por aquel cruel sol de julio
que derretía los cráneos.
Hasta el pan que yo comía,
con un respeto sagrado,
sabía a sudor de siega
y a la amorosa sombra
de aquel mítico chaparro.
Antonio Vera Ruiz
Granada 13 octubre 2026.

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