MÁSCARAS
Ella lo odiaba a él,
y él no podía tragar
a aquella niña repipi
que hermana de sus amigos,
en fiestas y reuniones,
siempre veía a su pesar.
Por fin respiró tranquilo
cuando llegó el carnaval,
en ese baile de máscaras
no tendría que soportar
la aborrecida mirada
de aquella niña falaz.
Bailó contento, feliz,
desenfadado, vital,
con máscaras deliciosas,
y un poco achispado ya,
a su máscara veneciana
besó con pasión tal,
que cayó al suelo la máscara
y él se cayó detrás
del soponcio que pasó,
acababa de besar
a aquella insufrible niña
cuyos labios creía odiar,
mas parece que le gustó,
pues unos meses más tarde,
el beso de carnaval,
feliz, aunque temeroso,
lo daba en el altar.
Han pasado muchos años
del carnaval, del altar,
y ellos se siguen besando,
mas si el día pinta mal,
cogen rápido las máscaras
y se besan con la pasión
de aquel mágico carnaval.
Antonio Vera Ruiz
Granada 16 febrero 2026.

¡Preciosa! Me gusta muchísimo
ResponderEliminarSimpática e ingeniosa
ResponderEliminarUna historia que podría ser una novela resumida en un ingenioso poema
ResponderEliminar